¡ufff… que calor! Hemos de estar al menos a 30 grados aquí en el metro…Miro a la gente, van arrastrando los pies, algunos que vienen de traje, se han desanudado la corbata, los mas liberales, se la han quitado, los niños, aun los mas pequeños, solo traen una playerita de esas que no tienen mangas, de “tirantitos”, algunos lloran porque la temperatura es de verdad insoportable.
Mi mente traviesa me hace buscar a Satanás en el vagón, en los andenes, ya que al ver y sentir todo esto, me pregunto si no he muerto sin saberlo, y a causa de mi vida defectuosa, haber sido mandado al infierno, mas vuelvo a mirar a la gente y me doy cuenta de que no es así por lo que respiro aliviado…supongo.
Entro al vagón a empujones, o mas bien, me meten, aquí el calor es aun peor. Alcanzo a ver el reloj de otro pasajero que viene a ferrado al tubo como si su vida dependiera de ello, son las 2:45 PM, creo que por primera vez desde que ando contigo voy a llegar a tiempo a una cita –“son solo tres estaciones, así que no me hare mas de 10 minutos”- pienso. Después de dos estaciones, me abro paso entre los apretujados pasajeros hasta que me topo con un señor que huele a todo menos a siquiera una loción barata de Fraiche –“¿baja en la siguiente?”- pregunto, el solo me contesta que si sin siquiera mirarme. ¡Mierda! Justo momentos antes de que el tren entre al anden, mi teléfono comienza a vibrar, el tipo gordo maloliente me voltea a ver amenazante, ha de creer que le estoy coqueteando, pero vengo tan apretado que no puedo ni meter las manos a mi bolsillo, cuando se detiene el metro, me bajo apresurado, o mejor dicho, me bajan, y nervioso y torpemente saco mi celular, veo la pantalla monocromática y veo que eres tu, rogando al cielo alcanzar a contestar el movimiento de mi cintura a mi oreja se hace eterno mientras cada sacudida vibratoria de mi teléfono parece agonizante.
Aun alcanzo a contestar –“¿bueno?, ¡mi amor! Ya estoy aquí, ¿Dónde estas?, si, no te preocupes, aquí te espero, si, abajo del reloj, ¡bye! Si, yo también te amo, besos”- ¡Ah mujeres!, todavía tardara al menos 15 minutos mas, ni modo, es lo que hace uno por amor…y bueno, por otras cosas.
El calor sigue siendo insoportable, esta vez, el desodorante me fallo, siento mis axilas empapadas, me recargo en la pared, junto a un anuncio de la expo-sexo, miro a mi alrededor, no busco nada en particular, es mas, no se ni porque putas lo hago, tal vez con la esperanza de que la veré llegar a lo lejos, sacudo la cabeza y trato de mirar a hacia algún lado donde mi mirada se pierda y se ponga en paz. Sin embargo, mis ojos detienen su recorrido en un tipo, esta a unos 3 metros de mi, parece desesperado, mira su reloj como si quisiera asesinarlo, no importa que no los conozcas o que sea la primera vez que los ves en tu vida, siempre sabes distinguir a la gente que esta esperando a alguien y ese alguien se ha demorado mas de la cuenta, se nota en su rostro la desesperación, la frustración, el nervio de no tener la certeza de saber si su cita efectivamente llegara, y en sus ojos ves una leve esperanza, una ilusión, lo se porque supongo yo mismo me he visto así….
El tipo se nota tenso y desafortunadamente este calor no ayuda a sentirse mejor, mira aun lado, mira a otro, y en cada tren que llega analiza mas de 100 rostros a la vez, esperando encontrar a su cita, cuando el esfuerzo es en vano, mira de nuevo su reloj, observa una vez mas a su alrededor, y su mirada se clava en el letrero que indica la salida, le da un ultimo vistazo a su reloj y empieza a caminar –“ya se va”- pienso, sin embargo al tercer paso se detiene y se coloca en otro lugar, se recarga en la pared y se cruza de brazos, -“se arrepintió” – me digo.
Claro, seguramente se dijo “10 minutos mas, si no me voy”, yo lo he pensado, dicho y peor aun, hecho, se ve bastante irritado, no se si cuando llegue su cita (si es que llega) su actitud será de alegría por evitar el fracaso o de ira por la demora, siento lastima, pena por el, es horrible que te dejen plantado, me ha pasado. Se desanuda la corbata, se quita el saco, se arremanga la camisa y mira una vez más su reloj, y mientras ve la hora, suelta un resoplido del cual veo brincar gotas de saliva e incluso me parece ver vapor saliendo de sus fosas nasales.
Tengo sed, no había querido tomar nada porque, luego solo quiero ir al baño, dejo de ver a un tipo por un momento ya que mis ojos alcanzan a vislumbrar algo que solo tú evitas me emocione, ¡una maquina de coca-cola!, ¡oh bendición, oasis en el desierto! Busco en mi bolsa desesperadamente cambio, monedas mientras, sin ver mis pasos, me dirijo a la maquina expendedora de milagros enlatados, pero cuando encuentro el cambio, miro con enfado que el tipo se me adelanto, me detengo maldiciendo a mi mal karma y desisto de ir hacia allá, dado que como sabes, odio las filas…
Una a una deposita las monedas con nerviosismo e ira, aprieta con furia su selección y un silencio sepulcral (al menos para mi) indica el estrepitoso fracaso…nada sale de la maquina, vuelve a apretar el botón, esta vez mas que hacer presión, pareciera que fue un golpe…y una vez mas, nada, las gotas de sudor invaden su rostro desencajado, el tipo se queda un segundo quieto, sin respirar, yo, hago lo mismo, y entonces, ¡violentamente comienza a arremeter contra la indefensa maquina, la sacude, la agita, la patea, la derriba!, ya en el suelo comienza a golpearla con los puños, los cuales se llenan de sangre al mismo tiempo que la gente se arremolina a su alrededor, curiosos, pero sin que nadie haga nada.
Cuando su rostro esta salpicado por la sangre que sus puños derramaban, levanta la mirada y sonríe, sonríe como si hubiera salvado el honor, su rostro contenía un brillo sádicamente extraño y tan lleno de una extraña paz, al momento que la autoridad hacia su acostumbrada e impuntual presencia, el tipo alcanza a tomarse de la maquina y jala la puerta, la indefensa maquina estaba vacía, y esto solo hizo que el pobre y desquiciado tipo soltara una estremecedora carcajada.
De pronto alguien me toca el hombro, los cabellos se me erizan y mi corazón late exaltado mientras en escalofrió recorre mi cuerpo, volteo y veo tus ojos, y tu mirada llega acompañada de una brisa suave y fresca, de una bocanada de oxigeno que me acaricia el rostro, ¡eres tu!, te acercas y me besas, siento tu beso como el primero que nos dimos, mientras tus labios me saludan, me abrazas –“que paso aquí?, ¿porque hay tanta gente?”- me preguntas, yo volteo a ver como los policías aun luchan por someter al pobre tipo que aun sigue soltando patadas y puñetazos al aire, te tomo de la mano, te beso con frenesí abrazándote fuertemente.
Y mientras nos alejamos solo te contesto –“nada, un tipo asesino a una maquina de coca-cola”- y caminamos abrazados, perdiéndonos entre el bullicio de la gente, así, juntos…
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